Un poco de mi

Te perdono

lunes, enero 23, 2012

madre e hija
Había sido un día difícil, pero ella en su inocencia pensaba que era un buen día para portarse mal. Parece que los niños de tres años tienen agudas habilidades para llegar a esas conclusiones. Se fijó en las mañas y muecas de los niños de su entorno y comenzó a reproducirlas todas, una tras otra. Por mas que le pedíamos que por favor se comportará se esforzó por exagerar rasgos de desobediencia e intranquilidad.

En medio de una reunión ministerial poco le faltó para ponerse de florero, quería que nadie perdiera ni un segundo de sus actuaciones, mientras nosotros, sus padres, estábamos pidiéndole a Dios que nos tragara la silla. Un momento antes de perder los estribos, preferí hacerle una seña, la cual le indicó que en cuanto estuvieramos a solas iba a tener que responder por todos sus actos. La reunión terminó, nos despedimos y después de una larga jornada volvimos a casa. Y llegó la hora de hablar con ella.

Su papá se esforzó por hacerle entender con palabras claras que su comportamiento nos importaba y que en momentos podía hacernos sentir muy orgullosos, pero en otros muy avergonzados, parecía que entendía sin embargo su actitud no nos convencía de que la conversación estuviera haciendo efecto.

Hasta que mirándonos a ambos nos dijo con claridad: no lo haré mas, ahora me voy a portar bien porque los amo mucho. Nosotros nos miramos y concluimos la sesión de exhortación y regaños, finalmente quedamos enternecidos y conmovidos por sus palabras, aunque cien por ciento seguros de que en cualquier momento lo haría de nuevo. Aun así le hicimos saber que le perdonábamos porque le amamos más.

Al salir de su habitación supe que así mismo muchas veces le he dicho al Señor de corazón: no lo haré más Señor, porque te amo. Y aun así queriendo o sin querer, de una forma u otra, hay cosas que vuelvo a hacer, ofendiendo a Dios con mis actos y malcriadeces. Sin embargo, me refugio en ese amor, que sabiendo de mis fallas me abraza día tras día sin reproches ni reclamos, esperando solamente que yo crezca y que pueda entonces impactar a los demás. Después de cada conversación a solas entre mi Padre y yo, siempre termina diciéndome: te perdono, porque yo te amo más.

Gracias Señor, por amarme con un amor mayor a mis fallas y a mi misma.
Para siempre, tu hija!

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.
 1 Juan 3:1

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