- Veo, veo,- dijo la nieta con insistencia.
- ¿Qué vez?, - respondió el abuelo al instante.
Desde lejos escuché este dialogo por un rato, ese mismo par de preguntas intercaladas unas cuantas veces. El juego consistía en que uno de los jugadores decía que "veía algo", fijando su atención en un detalle, algunos muy notorios otros casi imperceptibles. Mientras que el oponente se esforzaba por descubrir con su mirada aquello que el otro había logrado divisar primero. El botón en la cortina, el cuadro en la pared, y así.
Mi hija se quedó con el gusto del "veo veo", sólo que su compañero de juego no vino este fin de semana a casa.






