Después de un largo caminar, llegan a un punto en que la película comienza a proyectarse ante sus ojos, llevándoles de vuelta a los lugares recorridos. A esas estaciones de la vida, donde se detuvieron o se apresuraron a seguir.
Caminos de paz y de angustias, sendas de temor, veredas de triunfo, paradas de ansiedad y desconsuelo. Estrechos de soledad y de incertidumbre, trillos de alegría y satisfacción. Las escenas transcurren una tras otra, surcando los años y la vida entera en un suspiro. Y piensan para sí: -Después de tanto, después de todo, ¿Qué nos queda, qué nos falta por vivir? -¿Habrá tiempo para más?, aprovechando cada segundo mientras se responden esa pregunta.
El escritor del libro de los Hechos, en el capítulo 2, verso 28 declara: Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia. (Hechos 2:28)
Tal parece que después de haber vivido tanto, de caminar y conocer, no se halló un lugar donde llenarse de gozo, sino en la excelente y majestuosa presencia de Dios. Estas palabras me recuerdan las del Salmista David:
Me mostrarás la senda de la vida;
En tu presencia hay plenitud de gozo;
Delicias a tu diestra para siempre.
No importa cuánto hayamos vivido, hay una senda hermosa que nos mostrará el Señor, y en ella beberemos del cáliz de la vida, comeremos del pan del cielo y tendremos plenitud de gozo.
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